Tras la despedida me sentí perdida, ¿dónde estaba tu mano cálida que tantos momentos me había acompañado? ¿y tus labios? Llegue a mi casa y me volví a sentir sola, me quedan otros días eternos sin ti que poco a poco irán pasando como si de un reloj de arena lento se tratara. Así pasa el tiempo en mi vida, rápido como una veleta que mueve el viento cuando estoy contigo y lento muy lento, como el paso de las tortugas.
Me queda recordar los buenos momentos vividos y esperar con ansias los que quedan por llegar... Me queda quedarme absorta recordándote mientras la gente pasa y continua su vida. Nadie entiende. Nadie ni siquiera tú que con tus palabras optimistas tratas de hacerme ver que algún día estaremos juntos e incluso me cansaré de ti.
Anoche no podía dormir, me senté en el sillón a recordar cada momento... tus abrazos en aquella terraza a la luz de las estrellas, las risas y las bromas al despertar contigo, los besos apasionados lejos de las miradas curiosas, la pasión de nuestras noches (y días también) y cuando me acosté y me tapé con las sábanas, no había nada cálido, ni las mantas... tenía frío, porque tú no estabas, no tenía tu pecho de almohada, ni tu brazo cálido, ni tu mirada cómplice...
Te echo de menos tanto, como te quiero.

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